Bajando a los santos del altar: Por qué este blog no es otra lección de instituto

una visión irónica de la historia


La historia no es un bloque de mármol frío; es un patio de corrala lleno de chismes, malas decisiones y gente que, por lo general, intentaba pisar al de al lado.

Bienvenidos a este rincón. Si has llegado hasta aquí buscando fechas de batallas memorizadas por compromiso o loas a reyes que no sabían ni firmar, te has equivocado de puerta. Este blog nace con una intención clara: desempolvar el pasado sin usar plumeros, sino rascando con la uña para ver qué hay debajo de la purpurina.

Me interesa la historia desde el cinismo, porque es la única forma de no morir de indignación. 

Me interesa la ironía, porque es el último refugio que nos queda ante la pérdida de la memoria. 

Aquí no vamos a hablar de "hazañas bélicas" como si fueran partidos de fútbol; vamos a hablar de cómo la ambición de unos pocos siempre se ha alimentado del sudor —y la sangre— de unos muchos.


¿Qué puedes esperar de este blog?


  • Menos reyes y más realidad: Los poderosos ya tienen sus estatuas (aunque muchas se mantengan en pie por inercia). Aquí nos centraremos en la letra pequeña, en las pifias y en las verdades incómodas.

  • Crítica sin anestesia: No creo en la neutralidad cuando se trata de analizar cómo el poder ha manejado el cotarro a lo largo de los siglos.

  • Un tono que muerde: Como decía aquel, la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. Mi objetivo es que nos riamos un poco de la farsa para no llorar tanto por la tragedia.


En definitiva, este espacio es una invitación a mirar por el retrovisor sin nostalgia, con el juicio crítico afilado y la sospecha de que, casi siempre, nos han contado el cuento al revés.

Pasen, lean y, sobre todo, duden de todo.

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